Ayer miré las fotos que dejaste en mi corazón
y me di cuenta de tu ausencia,
que ya no reíamos igual
y no te observaba de la misma manera.
No espero que me perdones por abandonarte
tampoco que regreses para arreglar tu error,
pues aún en las noches me pregunto
si fueron nuestras decisiones
o tal vez una terrible elección del destino
que por primera vez en la vida nos separó.
Recuerdo tu sonrisa con entusiasmo
tus ansiosas cosquillas a mi alma,
la gran libertad de tu compañía
y las memorias de nuestro amor.
Te mentiría si dijera que ya te olvidé.
Tú fuiste la definición de la plenitud
sin embargo te arrebataron de mi lado.
No volví a observar el mundo de la misma forma.
Todo por lo vivido se encapsuló en sentimientos
que como mis retinas se quemaron de tanto dormir.
Aunque sueño todos los días con nuestro encuentro,
se forma un nudo en mi boca y dejo,
mi cabello tiembla de tu pensamiento,
mis manos se iluminan por nuestros saludos,
pero lo peor de todo es latir de mi corazón.
¿Aún tienes el libro que te regalé?
Ese que viste y por el que no dejabas de sollozar
porque tenía el olor de tu infancia
junto con el pegamento de tu vida inicial,
como las rosas de tus cuadernos,
como el florecimiento de tu profundo invierno.
Oh, no sabes cuanto te deseo.
Me acompañaste cuando más te quería,
me dejaste cuando más te amaba,
y como siempre no queda nada, de tu amor.
¿De verdad me amaste o qué?
Siempre creí que fue un compromiso,
que mis cartas no valían nada para ti,
que los atardeceres eran interminables a mi lado
mientras me intoxicabas con ese enfermizo pensamiento,
esa horrible obsesión de estar siempre ahí
y yo como tonta te retenía
porque no existía vida sin "primavera" para mí.
No sé qué más decirte, amor,
no sé tampoco dónde estés,
tal vez las flores te entierren en mi amanecer
o la furia te contenga y te devore como roedor.
Eso me haría muy feliz.
Otra vez, todos los recuerdos y la culpa
se empozan en mi alma
y lloro
por primera vez.
Sé que es mucho leer todo esto,
pero para mi es la primera estrella del firmamento.
Tampoco espero que lo entiendas, porque igual
sé que los lapiceros tienen poca tinta.
Solo espero que juntes todos mis papeles y veas que
aunque me hiciste llorar, por primera vez
me alegro que haya sido por tu culpa
porque representaste todo lo bueno de este mundo
y sé que en un futuro te volveré a ver,
porque nuestro destino estará escrito en nuestros zapatos,
el menú de la cafetería tendrá el mejor chocolate que imagines
y no habrá más preocupaciones
¿Verdad?
Me arrullarás como todas las noches
dándome más motivos para vivir.
A veces te siento distante y no puedo evitar romperme.
Oh amor, espero sea tu último viaje,
Porque esta pena me consume.
A pesar de mis confusos recuerdos,
te digo, con toda sinceridad
que sanaste todas las heridas
que alguna vez provocaste.
Atentamente:
Tu querida.
Para:
Mi dulzura, la Alegría.
viernes, 7 de agosto de 2026
Carta a mi amada
La naturaleza dueña del arbolito
Y regresa la oscuridad a donde siempre perteneció
porque el principio vuelve una y otra vez como si
hace mil años de miseria, y sin pensamiento,
vuelven los ritos de los que participé al inicio.
Pues nadie sabe lo que se espera de mí,
yo, buen árbol fui y nunca me aparté de aquí
mis raíces no podían correr ni mi tronco mover
en este estanque no encuentro más cosas que mirar.
Tengo miedo de que crezcan mis hojas
tengo miedo de que mis ramas sean anchas
tengo miedo de que mi raíces sean fuertes
pero tengo aún más miedo de ser un árbol
Quizás la tierra nunca fue un problema
quizás nunca fui realmente
tanto que ni una gota de agua me consuela
tanto que ni el aire me calma
Regresan pues los tiempos oscuros,
aquellos tiempos que olvidé
y por olvidar me encerré,
tiempos a los que lloré
mares de hojas sin destino
porque nunca hubo deseos sombríos.
Ah la alegría, de ser un árbol dicen,
el miedo de ser talado, transformado,
algo que mi madera no comprende
ni algo que quisiera entender
Nunca hubo tal fin de ser,
¿realmente tiene sentido?
si las hojas son otras hojas
entonces soy libro, supongo.
Mis ramas al fin
entienden su motivo,
aquel misterioso
significado de vivir.
Vivo, dicen,
¿Realmente creo?
Existir, dicen,
esa es la meta.
Vivo,
Existo.
Antónimos
quedan.
Almas, arterias y sentimientos.
Al filo de mi cama miro al cielo
buscando respuestas a una pregunta que,
ni aunque fuera real o mi almohada,
llegaré algún día a ver con la misma ternura con la que fue.
No te encuentro en mis sábanas,
mucho menos en la canción de ayer,
te digo amor mío, solo espero que estés bien
como tu cálida mirada con la que veías mis amores.
En el velo de tu alma no hay nada ya
que pueda enternecerme ni por ser
la última gota de rocío que se ve en mis sueños
por más lejana que se vea, o cerca que aparente.
Solo te digo por última vez, no me dejes
o al menos no me olvides
ni a esas noches que te tuve, ni a esos días que te busqué,
porque aunque no me ames, en los papeles quedarán
aquellos hermosos labios que miré y miré
deseando no se conviertan en las galaxias lejanas que soñé.
En gran desierto te hundes y no quedan más que tus mechones,
largos y escandalosos como los ríos de tu cuerpo,
si, aquellos que navegué y desenterré los más grandes tesoros de tus ojos
y de tus venas y de tus arterias
como la más grande figura de mis labios
en la búsqueda por tu tejer.
Si, no espero más ¿Y qué, pues, vienes a llevarte?
Ya no espero el lápiz de grafito, con el que
escribí hasta más no llover,
y con el que te dije, ya no te quiero ver.
Esa la niña que todos ven.
Oh la niña va corriendo, va corriendo y se va.
Camina y corre como jugando, aún despierta en su sala.
Su mamá la mira y la mira y la ve correr y caminar.
Espera que algún día pare de correr y caminar.
Todos la miran y ella sigue corriendo y caminando.
Va corriendo, va corriendo y caminando.
En el colegio todas la miran correr, la miran correr y caminando.
Nunca para la niña, siempre corre y corre caminando.
Nunca nadie dice nada, así como la niña corre y camina.
Nunca tropezaba, dice la niña caminando. Le gustaba correr.
Nunca caminaba, pues nunca corría.
Nunca esperó caminar porque siempre corría.
Al final la niña corría, pero no decía nada.
Sus maestros la miraban, la miraban correr mientras caminaba.
Claro está que la niña siempre corría, pero nunca caminaba.
Su mamá aún la miraba correr, esperando que camine.
La niña caminó, caminó y caminó, y cuando se cansó corrió.
Entonces la niña seguía observando cómo la niña corría y caminaba.
Nunca entendió por qué la niña corría, porque caminaba y corría.
Siempre quiso nadar.
Oh la niña va corriendo, corriendo y caminando.
Caminó hasta terminar.
Su madre siempre la veía en la sala.
Esperaba que la niña corriera, aún después de caminar.
Aquella Figura bella.
En la incontinencia de mi vida veo la sombra de mi pasado
y lo que llegaré a ser si llego a caer en la profunda miseria de lo que alguna vez,
según mis padres, llegaré a alcanzar y perder.
En mi pensamiento veo lo que perdí y no alcancé por cobardía al intentar caer.
Espero encontrar aquella alma que nunca fue mía, pero quisiera poseer.
En la figura bella que ven mis ojos,
de lo que espero,
no encuentro solución a mis sentimientos.
Ilusiones.
No veo más. Pues es la sombra quien lo tapa
Preso de mi pellejo con ansias interminables
mi mente es mi peor enemigo.
En este camino frío y resbaloso donde la gente sabe mi malestar,
no dudo que la sombra lo sepa, pero queda estática por temor a la mía propia.
Creo ver algo y me espanto.
Es mi espejo.
Sin saber qué hacer, quiero huir.
Aquella figura bella me ve, no huye ni va conmigo.
Deja que la admire. Estar a su lado es una bendición.
Estar a su lado es una ilusión.
Paseo
Paso la calle colina abajo
Recto
Mi respiración se agita, pero el impulso me guía a continuar.
Espero la respuesta de la mitad de la bicicleta
Avanzo
Mi corazón se acelera al doblar la esquina
El ambiente sereno me calma e inspira mi menta a continuar
por el camino de esta amistad la cual no veo fin
Ya no siento ansiedad
Así que continúo avanzando, contigo
Pauso
Pero tú sigues
Respiro fuerte y sigo.
Disfruto otra vez de esta bella rutina que formamos con el tiempo.
La espera
Cada vez mi decadencia mental aumenta.
Sofocante.
Cada milenio busco el saber de mi interés, pero la marea se lleva todo a su paso
y los pueblos escapan del destino mientras atraen a otros consigo.
En una isla espero la más grande verdad de la maravilla humana.
Lo que otros miran perverso es una miel que cubre a la humanidad
y lo que incita a los hombres a ser más fuertes con la sociedad.
Buscando aún el placer que dan las coplas y cantares, quedo en silencio.
Aún muriendo, miro por última vez lo que me espera al regresar al lugar del que vine,
eternamente apresado por mi mente.
Me arrastra y me culmina, pero me mantengo en pie.
Vivo un día más. Vivo para ver el amanecer.
Pero a la gente no le gusta el amanecer, dejando por su egoismo a todos en la noche eterna de sus almas.
Yo, que miro al mundo desde la cima, caigo como un águila contra su presa y muero entre sus interiores.
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