viernes, 7 de agosto de 2026

La naturaleza dueña del arbolito

Y regresa la oscuridad a donde siempre perteneció

porque el principio vuelve una y otra vez como si

hace mil años de miseria, y sin pensamiento,

vuelven los ritos de los que participé al inicio.


Pues nadie sabe lo que se espera de mí,

yo, buen árbol fui y nunca me aparté de aquí

mis raíces no podían correr ni mi tronco mover

en este estanque no encuentro más cosas que mirar.


Tengo miedo de que crezcan mis hojas

tengo miedo de que mis ramas sean anchas

tengo miedo de que mi raíces sean fuertes

pero tengo aún más miedo de ser un árbol


Quizás la tierra nunca fue un problema

quizás nunca fui realmente

tanto que ni una gota de agua me consuela 

tanto que ni el aire me calma


Regresan pues los tiempos oscuros,

aquellos tiempos que olvidé

y por olvidar me encerré,

tiempos a los que lloré

mares de hojas sin destino

porque nunca hubo deseos sombríos.


Ah la alegría, de ser un árbol dicen,

el miedo de ser talado, transformado,

algo que mi madera no comprende

ni algo que quisiera entender


Nunca hubo tal fin de ser,

¿realmente tiene sentido?

si las hojas son otras hojas

entonces soy libro, supongo.


Mis ramas al fin

entienden su motivo,

aquel misterioso

significado de vivir.


Vivo, dicen,

¿Realmente creo?

Existir, dicen,

esa es la meta.


Vivo,

Existo.

Antónimos

quedan.

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